
Un año más hemos recibido el regalo de poder participar en los ejercicios espirituales organizados por la Parroquia. El lugar, El Pardo, para quien no lo conozca, la casa que está anexa a la Iglesia del Cristo del Pardo y que regentan los Hermanos Menores Capuchinos, orden de la familia franciscana. Una casa que cuenta con la ventaja de la cercanía de Madrid y a la vez con amplias zonas para pasear y meditar tanto en el propio recinto como en la parte accesible al público del monte del Pardo, y en la que siempre nos acogen con cariño y nos hacen sentirnos como en casa.
Este año tocaba ponente “externo”, ya sabéis que para ampliar nuestros horizontes, los ejercicios alternan en su preparación entre los “mispis” y otros ponentes. Nos acompañó Andrés Huertas, que intenta con su acompañamiento ayudar a formar
“una manera diferente de mirar la vida, la Iglesia y el mundo: La vida con agudeza, la Iglesia en sentido profético y el mundo con sentido realísticamente crítico”.
Iniciamos nuestro fin de semana con una primera sesión el viernes con la presentación de la dinámica de los ejercicios, basada en ir comparando la oración de Francisco de Asís, El Cántico de las Criaturas, con la Laudato Si del Papa Francisco, e iluminando cada reflexión con la luz del Evangelio.
Esa fue la dinámica de las cinco sesiones que mantuvimos a lo largo del fin de semana, con un tiempo después de cada ponencia de reflexión personal y otro siguiente de reflexión grupal, por grupos aleatorios, que nos ayudó a conocer y compartir y enriquecernos con las aportaciones de los demás.
Muy interesante, en fin, el trabajo de estos ejercicios, la reflexión sobre cómo descubrir a Dios en todo lo que nos rodea, especialmente en la Naturaleza, en este mundo que tanto maltratamos, y el lenguaje del Canto, que puede parecer un poco farragoso o anticuado, quedó de sobra compensado con las explicaciones y la actitud cercana del ponente, que consiguió dar profundidad a las sesiones desde la sencillez y su experiencia personal.
En la tarde del sábado dedicamos también un rato a la reflexión sobre el proceso penitencial, centrado en la misericordia, esa acción concreta del amor que por el perdón cambia nuestra vida, el acercarse de Dios a nuestro corazón, a nuestros fracasos, para renovarnos, y en ese ambiente de reflexión y oración celebramos la reconciliación, en una celebración novedosa en su forma y muy motivadora, igual que lo fue la celebración de la Eucaristía del domingo.
En resumen y terminando como empezamos esta crónica, un regalo poder disfrutar en Cuaresma de un fin de semana de reflexión, oración y encuentro, y del que hay que agradecer también a las comunidades que se encargaron dela organización que todo estuviera perfecto. Para quien quiera saber más del ponente, podéis consultar su página web, donde podéis encontrar un taller de oración, taller de liturgia y un taller de teología bíblica sobre la Carta a los Hebreos.
Javier y Sole – Comunidad Caminantes