Hospitalidad. Proyecto de Comunidades de Acogida para familias refugiadas

¿Recuerdas la Segunda Guerra Mundial? Fue hace mucho tiempo, tal vez no hubieras nacido entonces. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas perecieron por su causa, se calcula que entre 70 y 100 millones. Los historiadores aún continúan investigando el número total de personas que se vieron obligadas a abandonar sus hogares, granjas y ciudades. Desde todos los puntos de Europa y hacia todas las direcciones posibles.

Pues bien, setenta y cinco, ochenta años después, el mundo vive de nuevo un éxodo gigantesco y sin final. El mayor desde entonces. Nuevamente, millones de personas; nuevamente, huyendo de la guerra, de la persecución religiosa o racial.

Cuando estalló la guerra civil en España, o la Segunda Guerra Mundial en Europa, cuando las hambrunas de principios de siglo XX o de la posguerra, igual daba si eras ingeniero o peón, la única aspiración era poder darle un futuro a los tuyos.

Yo, por ejemplo, soy hijo y nieto de inmigrantes. Pero seguro que tú también. Si naciste en Madrid, ¿cuántos de tus abuelos son también de aquí? ¿y de tus bisabuelos? ¿Por qué crees que vinieron? ¿Cómo fue su viaje? ¿Cómo llegaron? ¿Con mucho equipaje, con lo puesto? ¿Cómo fueron sus inicios?

¿Lo ves? Es una historia tan antigua como el hombre: las personas nos movemos buscando una mejor vida, cuando no simplemente sobrevivir. Abraham sale, a instancias de Dios, de Mesopotamia; y es justo entonces cuando nace su Alianza. Dios se hace presente en la vida de Abraham justo cuando éste se ve forzado a salir de su tierra.  

¿Cuánto tiempo se tarda en llegar desde Siria, Irak o Afganistán, hasta España? No me refiero a horas de vuelo. Los refugiados van viniendo como pueden: esquivando pasos fronterizos, las mafias, los bandidos y los que buscan aprovecharse de ellos, las personas más vulnerables que podemos imaginar. ¿Cuánto puede tardar en alcanzar España un muchacho chadiano, somalí o congoleño? ¿Cuántos mueren en el camino? ¿Cuántos mueren en el más absoluto de los olvidos, en la profundidad del mar o en la soledad infinita del desierto?

Mañana, hoy, ahora, bombardean tu barrio. Parece imposible, ¿verdad? Es lo mismo que podría estar pensando hace no muchos años cualquier familia de Damasco o Alepo. Imagina que tienes que salir con apenas la ropa que llevas puesta, y comenzar un lento y peligroso viaje, de varios años, sin destino claro, bajo la expectativa de ser rechazado por los países de destino.

No discuto ni razones ni políticas. Aunque en este punto, no se me ocurre nada mejor que acudir a las palabras de Jesús de Nazaret: “porque fui emigrante y me acogisteis” (Mt 25,35). No parece que Jesús tampoco lleve su reflexión más allá de lo verdaderamente importante: fui emigrante y me acogisteis.

Se da precisamente el caso de que hoy, ahora, en nuestra ciudad, muy cerca de nosotros, hay familias que necesitan ser acogidas. Hace muy pocas semanas, durante la Asamblea de Pastoral de Adultos de Fin de Curso, tuvimos la visita de la Fundación San Juan del Castillo – Pueblos Unidos, entidad perteneciente al Servicio Jesuita a Migrantes. Durante esta visita, Iván Lendrino, su director, nos estuvo hablando del Programa Hospitalidad.

Este Programa Hospitalidad es una de las respuestas que desde el SJM se están tratando de articular frente a la llamada “crisis de los refugiados”. Su finalidad, y aquí Guadalupe y sus comunidades podemos jugar un papel muy importante, no es otra que la de constituir “Comunidades de Acogida”, grupos de personas como tú y como yo, que quieran poner en marcha un proyecto de acogida e integración de una familia refugiada. El Objetivo del Proyecto es acompañar a estas familias en su proceso de inserción en nuestro país. Proceso que implica aspectos legales, educativos, sociales, médicos…, y que se pretende que finalice en un plazo de dos/tres años según cada caso, con la plena inclusión legal, socioeconómica y cultural, esto es, con la plena autonomía en su vida, en su nuevo hogar.

Las Comunidades de Acogida se componen de aproximadamente unas 10-30 personas; se trata de proyectos comunitarios, donde todos los voluntarios se reparten las distintas tareas y responsabilidades que la acogida de una familia refugiada supone. Junto con Pueblos Unidos y el resto de contactos del Servicio Jesuita a Migrantes, se proporcionará casa a esta familia, normalmente a través de la red de pisos que algunas congregaciones religiosas disponen en Madrid para ser cedidos en condiciones ventajosas para este tipo de proyectos. La Comunidad de Acogida y aquellas otras personas que deseen colaborar económicamente con ésta, se harán cargo de la cobertura de todas las necesidades básicas de la familia (alquiler del lugar de residencia, aportes económicos, gastos de transporte y tarjetas de metro/bus, alimentación, suministros, etc.).

Lo más importante, sin embargo, es el aspecto de acompañamiento humano: compartir y acompañar la vida con la familia, a lo largo de diferentes momentos de la semana, para facilitar la inclusión de la familia en la sociedad madrileña (ocio, redes de apoyo…), la ayuda y asesoramiento en cuestiones prácticas (gestiones y trámites médicos, sociales, escolares, empadronamiento…), el acompañamiento en necesidades concretas formativo-educativas (aprendizaje del idioma, refuerzo escolar niños-as, etc.).

Desde el Proyecto Hospitalidad de Pueblos Unidos se asumen todos los elementos técnicos que implica el acompañamiento social, jurídico, formación y empleo; así como el apoyo y acompañamiento a la Comunidad de Acogida.

Las personas a las que va dirigido este proyecto son familias refugiadas/ migrantes con niños-as en situación de vulnerabilidad. Criterios de vulnerabilidad: familias monoparentales, mujeres víctimas de violencia de género, número de niños-as, discapacidad, etc. También se puede dirigir a personas que, por diferentes circunstancias, han agotado las ayudas estatales para solicitantes/ beneficiarios de protección internacional (sistema de acogida) y no han conseguido los objetivos de inclusión social/ autonomía (acceso al mercado laboral/ vivienda digna, etc.).

Desde el Grupo de Acción Social de Guadalupe deseamos apoyar y promover este proyecto entre nuestras comunidades. De hecho, es muy importante destacar que la Comunidad Desvelados, perteneciente al área de Pastoral de Adultos, lleva embarcada en un proyecto de Comunidad de Acogida ya dos años. De hecho, uno de sus miembros también participó en el encuentro compartiendo su experiencia con todos los que estuvimos.

Creemos que este verano que ahora comienza supone un excelente momento para que comunidades y/o personas individuales nos planteemos la posibilidad de integrarnos o de iniciar un proyecto de Comunidad de Acogida.

Pensad en todas aquellas riquezas y conocimientos que todos y cada uno poseemos, no sólo individualmente sino también en equipo, en grupo. Pensad qué importante y hermoso sería poner tales riquezas a disposición de aquellos que hoy han llegado a nuestra ciudad, huyendo de la guerra, el hambre o la violencia. Recordad, recordad las palabras de Jesús: “Fui emigrante y me acogisteis”.

Carlos Santa María, Grupo de Acción Social

 

Podéis ver un pequeño fragmento del programa Pueblo de Dios – Misión en la Ventilla (minuto 7:00 a minuto 8:45) en el que se habla de este proyecto (aunque, si tenéis tiempo, os recomendamos ver el programa completo).

Golden Red

Seguro que algunos recordaréis cómo en el Foro Parroquial de 2016 tuvimos la oportunidad de ser coautores de la obra Golden Red de la artista Kuska, Alejandra Corral, en torno a la compasión.

Por la compasión a la esperanza» era el título y la reflexión que os proponíamos en un momento de encuentro para compartir y recordarnos cómo queremos seguir viviendo la Buena Noticia de Jesús profundizando en el que era el lema de aquel curso: “Elige la Esperanza, yo estoy contigo”.

Nos preguntábamos entonces si sabíamos realmente lo que significaba y lo que implicaba la COMPASIÓN y, si lo sabíamos, si la practicábamos lo suficiente.

“Hoy más que nunca es necesario que refresquemos este concepto, que lo investiguemos y que reflexionemos sobre el mismo”

nos decía Alejandra. Y eso es lo que hicimos juntos la mañana de aquel sábado.

La COMPASIÓN se define como un sentimiento de inquietud que produce el ver padecer a alguien y que impulsa a aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o evitarlo.

Se considera una virtud. Sin embargo, no es un rasgo de carácter inmutable. La compasión es en realidad una facultad, una facultad que se puede adquirir si se carece de ella, o mejorar si ya se tiene. Es algo que uno siente hacia los demás, pero también para consigo mismo.

Los monoteísmos de origen semita (judaísmo, islam y cristianismo) han dado mucho valor a la compasión divina o misericordia.

Plásticamente, Golden Red consiste en una red emocional y palpable, construida de manera colectiva gracias a la aportación individual de círculos y óvalos de distintos tamaños y colores plastificados individualmente y unidos entre sí por anillas. Cada figura, de las 2000 que han conformado la red, ha sido elaborada por  una persona distinta y representa su compromiso con esta red de COMPASIÓN colectiva.

Golden Red es sobre todo una red humana creada para y durante la realización de este proyecto y que incluye tanto a los participantes en el mismo, cómo también a todo el tejido de voluntarios, empresas, fundaciones e instituciones que lo hayan hecho posible, unidos por la COMPASIÓN.

Alejandra, a través de su proyecto artístico de transformación social Golden Red, nos invitó a asimilar positivamente el concepto de la COMPASIÓN y de esta forma contribuir a mejorar la sociedad en la que vivimos, al tiempo que, siendo creativos, nos animaba a enfrentarnos a los problemas de la vida diaria buscando soluciones originales muchas veces ocultas por nuestra visión estereotipada.

Alejandra nos propuso crear nuestro propio círculo (mujeres) y óvalo (hombres) que simbolizara nuestro compromiso con esta red de compasión colectiva, en un taller que tuvo lugar como parte de nuestra celebración. Multitud de círculos y óvalos creados por personas de todo el mundo plastificadas y anilladas conjuntamente han formado esta red articulada, esta tienda de encuentro, este abrigo de compasión en el que todos podemos encontrar cobijo.

¿Os imagináis si cada persona de este mundo se comprometiera a hacer un acto de compasión con alguna persona cercana? Sería inimaginable el impacto que tendríamos y cómo nuestra sociedad se transformaría. ¿Os animáis?

 

Podéis conocer los detalles del Proyecto Golden Red en el siguiente vídeo o en este enlace: www.arteyconcienciacionsocial.com/img/GOLDENRED.pdf.

El voluntario, portador de esperanza

En este curso, en el que el lema de la Esperanza preside e ilumina todos los actos que realizamos en Guadalupe, el Grupo de Acción Social (G.A.S.) ha organizado en marzo, en la parroquia, una mesa redonda sobre el Voluntariado (“Yo CREO EN la esperanza”) y una exposición (“Expo-Voluntarios”, abierta del 12 al 26 de marzo), con el fin de hacer visible la figura del voluntario, que es portador de esperanza; animarnos a colaborar en esta tarea, y acercarnos a las asociaciones y proyectos con los que colabora el GAS, en los que participan siempre voluntarios de Guadalupe, que han estado presentes en la exposición.

“¿Maestro, dónde vives?”… “Venid y lo veréis” (Jn 1, 38-39). Esta sencilla pregunta, hecha por los primeros discípulos a Jesús y surgida de su curiosidad, interés o búsqueda interior, la seguimos formulando en la actualidad en nuestro corazón muchos de los que nos llamamos y sentimos cristianos, y la respuesta de Él es siempre la misma: Venid, y lo veréis.

Con estas palabras del Evangelio de Juan se inició el 9 de marzo la mesa redonda sobre el Voluntariado, en la que intervinieron Sebastián Mora, secretario general de Cáritas España; Agustín Rodríguez, párroco de Santo Domingo de La Calzada, de la Cañada Real; María Jesús Méndez, del hogar para personas sin-techo “Jesús Caminante”, e Iván Carmona, miembro de la comunidad Tabish y voluntario de la Asociación Elin, de ayuda a los migrantes.

¿Qué es el voluntariado?, ¿en qué consiste?, ¿cómo se llega a él?, ¿a qué responde?… cada uno de los ponentes, desde su experiencia personal y su visión cristiana de la realidad, fue explicando su llegada a ese mundo del voluntariado, que conforma en la actualidad lo más importante de su vida, pero que en un principio les cogió casi por sorpresa: la curiosidad, el amor, el viaje turístico que de pronto le cambia a uno la vida, porque descubre la terrible realidad de indigencia y necesidad que hay debajo de ese paisaje paradisiaco; la vocación, la inquietud interior por comprender, por avanza… la llamada de cada uno fue muy diferente… pero el fuego interior, la indignación ante la injusticia, que te interpela; la necesidad de transformar esa realidad… son el factor común de todos ellos, el que les impulsó a cambiar su mirada, para que se acompasara a la mirada de Jesús; el que les hizo salir de su comodidad y dar un paso al frente, para intentar construir entre todos una realidad diferente, de justicia y amor.

El voluntario no es aquel que va a decidir sobre la vida del otro y arreglársela a su manera, sino el que va a ponerse a disposición del hermano que le necesita; no es alguien que está solo y actúa a su aire, sino una persona que necesita un grupo, una comunidad de referencia, que le acompañe, le sirva de referencia y le ayude a formarse; no va para “sentirse bien” ayudando al otro, “para sentir que recibe más de lo que da”, sino para acompañar, levantar, acoger… para estar disponible. El voluntario no mira de arriba a abajo, sino de igual a igual. De hermano a hermano.

El primer paso para convertirse en voluntario es sentir esa curiosidad, acoger esa llamada y acercarse a los márgenes del camino. El segundo es “ver” esa realidad, y esa visión transforma nuestro interior y nuestra mirada; el tercero es “enamorarse” de esa realidad, en palabras de Agustín Rodríguez, realidad difícil y dura que no nos gusta, pero que está ahí, y el último paso, darte cuenta de que ya no te puedes apartar… y Dios te va llevando, suavemente, hacia donde te necesita, aunque tú a veces no quieras o no te hayas planteado llegar allí.

El voluntario no es una persona perfecta, sino una persona con su barro y su luz que ha sentido una llamada interior. El cristianismo sin una acción social que le acompañe, el amar mucho a Dios pero olvidarse del hermano necesitado, es algo que no tiene sentido, como subrayó Sebastián Mora.

No siempre es fácil el camino, por eso se requiere de un acompañamiento que ayude a discernir. Se pueden conjugar vida familiar y laboral y el voluntariado, aunque esta manera nueva de mirar el mundo y acercarte a él va impregnando todos los ámbitos de tu vida.

María Jesús Méndez, que estuvo en una comunidad de Guadalupe, explicó su experiencia en “Jesús Caminante”, un hogar para las personas sin-techo a los que la calle ha vencido del todo y no tienen ya ninguna esperanza. Llegan rotos a este hogar y allí son acogidos y atendidos, y viven en él hasta su muerte. Esta asociación tiene una casa para hombres en Colmenar Viejo y otra para mujeres, en el barrio de San Blas. Al principio María Jesús era una voluntaria más; más tarde su compromiso se profundizó y entonces se trasladó a vivir en el hogar de Colmenar.

Iván Carmona habló de su trabajo como voluntario durante unos años en Ceuta, utilizando los fines de semana y las vacaciones, acogiendo y ayudando a los migrantes que llegaban, cada uno con su historia de dolor, miedo, hambre y esperanza. Cada uno con un rostro, un nombre y una historia. Cada uno una persona irrepetible, un hermano. La realidad vivida transformó la vida de Iván; ahora trabaja en el campo social y ayuda en Madrid a los migrantes.

Después de las intervenciones de los ponentes se abrió un turno de preguntas en un salón de actos completamente lleno de asistentes.

“¿Maestro, dónde vives?”… “Venid y lo veréis”. Y Jesús nos sigue invitando cada día a acercarnos y a caminar con Él.

Sol Valero de Bernabé
Comunidad GO

Senda de cuidados: Trabajo y cuidado dignos

El trabajo necesario para la reproducción de nuestras propias vidas (preparación de alimentos, limpieza, afectos, etc.) suele pasar desapercibido. Damos por hecho que está, alguien lo hace, y solo cuando falta y nos sumimos en el caos y en el temor, nos damos cuenta de su importancia. Esta invisibilidad no es casual: es el resultado de relaciones de poder que, a lo largo de los últimos siglos, han otorgado a las mujeres estas labores devaluadas, reservando para los hombres actividades consideradas más nobles y objeto de reconocimiento. En las últimas décadas, sin embargo, fruto de las luchas feministas por la igualación con los hombres y de las necesidades del propio sistema productivo capitalista, muchas mujeres se incorporaron al mercado laboral (en peores condiciones que los hombres), dejando un vacío en el hogar. Es lo que algunas feministas designan como la “crisis de los cuidados”.

Esta crisis de los cuidados se ha resuelto con la sustitución, de esas mujeres, por otras mujeres procedentes siempre de lugares periféricos. Entre los años 50 y 80 del siglo XX, fueron las migrantes rurales que llegaron a las periferias de nuestras ciudades las que se ocuparon de cuidar a los enfermos, mayores, niños y personas dependientes, así como los hogares propios y los de quienes podían permitirse el servicio doméstico; mientras que en las últimas dos décadas son mujeres también migrantes procedentes de la periferia del planeta (generalmente viejas colonias europeas) las que vienen a ocuparse de nuestros cuidados.

Vemos, por tanto, cómo una actividad familiar o comunitaria ha pasado a ser gestionada por el mercado. Pero vemos, además, que quienes ocupan el papel de cuidadoras lo hacen en una posición muy débil en relación a sus empleadores: se trata de mujeres, pobres, procedentes de países a su vez empobrecidos y por lo tanto con menos derechos que los nacionales. Y, por si fuera poco, sus condiciones de trabajo atomizadas –sin vínculos con compañeras de trabajo– reducen aún más su poder de negociación en ese mercado de los cuidados.

Las fronteras nacionales tienen su réplica en un mundo global en las ciudades que habitamos. Cuando alguien deja todo (su familia, su comunidad) y se juega el cuerpo en un viaje a un país más rico, se enfrenta a vallas, guardianes y mafias (que viven de esas vallas). Atravesarlas vivo es muy difícil, pero una vez en el lugar de destino, nuevas vallas en forma de papeles, controles policiales, pobreza y racismo se interpondrán en el camino a una vida digna. Los manteros que encontramos en nuestras calles lo saben muy bien.

A partir de este análisis, Senda de Cuidados nace en 2012 como una experiencia de confluencia de personas, procedentes de las luchas por el empoderamiento de las trabajadoras domésticas (colectivo Territorio Doméstico), y por los derechos de las personas inmigrantes (Asociación Sin Papeles de Madrid). El objetivo fundamental consistía en la creación de posibilidades laborales para las compañeras y compañeros de esas luchas que, en plena crisis, estaban viendo empeorar aún más sus condiciones de vida. Sin embargo, este intento por conseguir mejoras en las condiciones laborales y vitales debía ser acompañado de la lucha por la mejora misma de ese entorno de explotación al que se ven sometidas estas personas, de ahí que en la filosofía original de Senda esté el empuje al alza de los derechos sociales y laborales y el poder social de las trabajadoras.

Nuestro lema se resume en «trabajo y cuidados dignos». Pero, ¿de qué hablamos cuando decimos «trabajo digno»? Apuntamos directamente a ese mercado laboral que, basándose en discriminaciones de clase, género y raza, funciona a modo de sobre-explotación. La experiencia histórica nos dice que las lógicas de mercado que generan enormes desigualdades solo se trastocan cuando la presión social y política de un colectivo unido consigue mediante la solidaridad obtener mejores salarios, menos horas de trabajo, etc. El trabajo de intermediación laboral de Senda de Cuidados no es sino una herramienta más de esta suerte de sindicalismo social encaminado a mejorar las condiciones de las trabajadoras domésticas. Además, nuestra labor consiste en sensibilizar a los empleadores en la valoración de las cuidadoras, en su reconocimiento como forma de cuidarlas a ellos. Y por último, el trabajo digno se persigue a través de la ruptura del aislamiento en el que se trabaja en el mundo de los cuidados, facilitando la apertura de espacios de encuentro entre trabajadoras con el fin de que puedan definir conjuntamente su visión y de que puedan tejer relaciones de apoyo mutuo.

Eso, en cuanto al trabajo digno, pero ¿qué significa «cuidado digno»? Entendemos que el cuidado no es algo que no hay más remedio que asumir, sino que constituye la mejor expresión material de nuestra interdependencia social, aquello que nos hace humanos. Gracias al cuidado y la cooperación vivimos (y no tanto gracias a la independencia y la competencia, como postulan los discursos hegemónicos). Poniendo en el centro el cuidado nos obligamos a que éste sea de calidad y por eso nuestra escuela de cuidados proporciona formación en cocina, movilización de personas encamadas o formas de vincularse con los mayores. Además, asumiendo que la relación de cuidado siempre es intensa y compleja y puede conllevar conflictos, Senda lleva a cabo una labor de mediación entre las familias y las trabajadoras que ayuda a que el cuidado sea cercano y desplace las tensiones propias de una relación tan íntima y vulnerable.

El día a día de Senda

La labor central de Senda de Cuidados consiste en poner en contacto a familias que necesitan cuidados para alguno de sus miembros y trabajadoras y trabajadores que proceden de las redes de apoyo a personas migrantes en las que participamos. Esa mediación busca garantizar tanto un trabajo como un cuidado digno, así como facilitar la mediación en las negociaciones entre familias y trabajadoras. Actualmente son unas 50 las familias con las que trabajamos y 60 las trabajadoras y trabajadores que están con nosotros* (el 91% de los cuales ha conseguido un contrato indefinido).

Además, nuestra escuela de cuidados procura una formación de calidad para personas que van a incorporarse a Senda o que van a buscar empleo en el mundo de los cuidados.

Por último, buscamos que el paso por Senda no sea simplemente un medio para conseguir trabajo, sino también un modo de vincularse de cara a la formación de grupos de apoyo mutuo, cooperativas de cuidadores, etc.

Sostenibilidad económica y horizonte

Senda sobrevive gracias al apoyo económico de nuestros socios y de grupos humanos (como las parroquias) que creen en su labor. Actualmente contamos con 42 socios cuyas aportaciones apenas llegan a 9000 € anuales. Además tenemos otros colaboradores «puntuales» (en torno a 10 o 12) que son los que hasta ahora nos han permitido ir cubriendo gastos, aunque la puntualidad de sus aportaciones no nos permite asegurar que el próximo año continúe nuestra actividad. Eso nos obliga a vivir en una provisionalidad e inseguridad respecto al futuro de la Asociación al tiempo que intentamos abrir otras vías de financiación, como la pública.

Con estos ingresos, sumado a las pequeñas cuotas que se les cobra a las familias que contratan trabajadoras a través de Senda, conseguimos pagar el alquiler de nuestra oficina y remuneramos a nuestras dos trabajadoras para labores de intermediación.

Senda de Cuidados no ha parado de crecer desde que nació. Es una estupenda noticia que cada vez más familias busquen los cuidados para sus seres queridos intentando respetar los derechos laborales de quienes cuidan. No obstante, el tamaño actual de Senda hace necesario el replanteamiento de su sostenimiento económico y humano. A nivel económico, nos encontramos en una disyuntiva que nos obliga a preguntarnos: ¿podemos seguir creciendo en número de familias y de trabajadores, teniendo en cuenta que nuestras trabajadoras intermediadoras cada vez tienen más asuntos que afrontar con la misma jornada laboral? A pesar del aumento de familias, las cuotas que se les cobra por los servicios de contratación, información, orientación e intermediación resultan hoy por hoy insuficientes para plantearnos ampliar la jornada laboral de nuestras trabajadoras directas o para contratar a otra persona. De ahí que seguir asumiendo nuevas incorporaciones -familias y trabajadores- solo puede pasar por ampliar las donaciones y las aportaciones de socios.

Por otro lado, a nivel humano, hemos incorporado a tres trabajadoras que, aunque a tiempo parcial, pueden hacer más llevadera la enorme responsabilidad de decidir sobre multitud de cuestiones que se plantean en el trabajo cotidiano. Pero como el volumen de tareas desborda sus posibilidades, hemos iniciado la incorporación de algunas colaboraciones voluntarias en tareas concretas, así como alumnas de máster en trabajo social comunitario de la Universidad Complutense de Madrid.

Senda de Cuidados ha conseguido consolidarse y proporcionar decenas de empleos en mejores condiciones que en el mercado. No obstante, los recursos limitados nos impiden crecer, aun teniendo demanda. Por eso estamos explorando otras vías de financiación, como la pública. Pensamos que es precisamente desde las instituciones públicas desde donde se tendría que apostar por iniciativas que generen recursos entre las poblaciones más vulnerabilizadas, garantizando derechos laborales, poniendo en valor los cuidados y fomentando las redes comunitarias locales a través de la economía social. Por eso estamos, junto con otros colectivos, impulsando un nuevo rumbo en las políticas municipales que busque el retorno social de la inversión pública, que elimine de las políticas sociales el lucro por parte de grandes empresas privadas de “lo social” y que redistribuya recursos hacia quienes han sufrido mayor explotación y exclusión social. Las cooperativas de cuidadores, de comerciantes ambulantes legalizados o de mediadores sociales interculturales son los próximos retos que queremos afrontar.

Los viernes con personas sin hogar

Ya comienzan a conocernos, después de casi dos años de voluntariado promovido desde el GAS. Para ellos, somos “los de Guadalupe”, los de las lentejas”.

Son agradecidos, no tanto por la comida que les ofrecemos, sino por dedicarles un rato, con una sonrisa, escucharles, ponerles nombre dentro de la  dura realidad que viven día a día.

El hecho de interesarnos por sus problemas médicos, o de llevarles un libro porque le gusta leer, o simplemente unas pilas para su radio, les cambia la cara, se sienten personas, no “unos rostros in-visibles” para la sociedad, a pesar de las dificultades de acercamiento que tenemos con algunas personas con las que no compartimos idioma y costumbres.

Este verano vamos a intentar continuar con nuestro voluntariado, creemos que, a pesar de vivir en determinados momentos experiencias contradictorias, nos sentimos comprometidos con estas personas que también tienen derecho a cariño y acompañamiento en este periodo estival.

Este acompañamiento, como nos comentó Blas, el psicólogo del Albergue Municipal de San Isidro, es un instrumento en la intervención con estas personas, y tenemos que partir de una aceptación incondicional, escucha, interés por el otro y, si es posible, tratar de establecer un vínculo con ellos. Debemos ser prudentes, actuar con sensatez, para intentar acercarles a los recursos existentes, informarles, y si es necesario contactar con el SAMUR SOCIAL, para que haya una luz en su vida, aunque a veces los procesos no tengan vuelta atrás.

Esperamos que el próximo curso haya nuevos grupos que apoyen esta iniciativa, y que otros puedan redirigir su compromiso de voluntariado a colaborar con otras asociaciones de las que forman parte del GAS  en Guadalupe.