El pasado 22 de febrero el Grupo de Acción Social organizó en Guadalupe una charla sobre los “Desafíos de hoy y Doctrina Social de la Iglesia”, impartida por José Luis Segovia, “Josito”, sacerdote, abogado, educador vinculado al mundo de la marginación, Vicario Episcopal de Pastoral e innovación y profesor del Instituto Superior de Pastoral de la Universidad de Comillas.
El tema, de gran actualidad y de profunda importancia para todos los que nos sentimos Iglesia. El ponente, una persona conocida y comprometida, que habló desde su profundo conocimiento del tema, pero también desde su experiencia vital. La asistencia fue impresionante, con un salón de actos lleno hasta la bandera.
Josito comenzó la charla explicando que hay un hecho que nos une a todos los hombres, creyentes y no creyentes, y es que nadie quiere el dolor, evitable, que supone la injusticia. Hay un segundo hecho, que atañe a los cristianos, y es que el Cristianismo no es una religión de espaldas al sufrimiento humano ni tampoco es una religión teórica: su dinamismo es de respuesta. Dios ha puesto en el centro al hombre (Mateo, 25). Por tanto, hacemos del mundo un infierno cuando nos alejamos del plan de Dios, como ya se ve en el Libro del Génesis.
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Nos recomendó el libro “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”, que recoge los principios y valores de la DSI, iniciada por el Papa León XIII a finales del siglo XIX. La DSI nos ayuda a una lectura creyente de la realidad y tiene como objetivo aliviar el sufrimiento de los hombres. Está construida sobre tres supuestos: no se puede experimentar al Dios encarnado de espaldas a los que sufren. Tenemos que acercarnos al mundo con una mirada amable y crítica al mismo tiempo, aceptando la diversidad, ya que “el otro” nos permite acceder al misterio de Dios, el Totalmente Otro. Y, finalmente, la DSI nos coloca al pie de la Cruz, fijos los ojos en el Señor; y es desde ahí y desde su mirada, desde donde nos podremos acercar a los crucificados del mundo.
Esta gente de la foto es la Comunidad Epheta.
Si contáis detenidamente veréis que ahora somos 17 miembros y miembras, pero
hemos llegado a ser 20 o 22. Bueno, en realidad, hay más ephetianos por el
mundo, pero ellos no lo saben.
Epheta significa “ábrete” en arameo, y
aparece en el Evangelio en boca de Jesús para liberar, discretamente, a una
persona tartamuda y sorda, lejos del espectáculo milagroso que esperaba
presenciar la multitud.
De la misma manera, podríamos decir que
nuestra comunidad es ese espacio donde aprendemos a escuchar y compartir la
vida con pausa, al margen del ruido y las prisas de nuestro día a día, gracias
al Espíritu que nos mueve desde el interior de cada una.
Bueno, lo de compartir la vida es fundamental
en Epheta, ahora, lo de que sea con pausa, pensándolo más despacio, ya es otro
cantar. La vida tiene su propio ritmo y eso es una cosa que en nuestra comunidad
tenemos muy interiorizado. Hay que dejarla fluir y adaptarnos a la música que
nos vaya marcando, aunque a veces nos cambie el compás y demos un traspié. Para
eso estamos en comunidad, para que los que en ese momento han “pillao” mejor el
baile, nos ayuden a recuperar de nuevo el paso.
Somos el resultado de una red de amistades
tejidas durante muchos años y eso nos hace fuertes en lo afectivo. Hemos
compartido mucha vida, buenos y duros momentos, y no dejamos de aprender cómo aceptar
al otro y cómo cuidarlo, aunque no siempre sea fácil. Eso es muy importante y
más ahora que nos acercamos a unas edades “maravillosas” en las que, además de
necesitar gafas, nos va a hacer falta incorporar otras herramientas, entre las
que destacan la paciencia y la sabiduría
para convivir: ¿quién nos va a aguantar mejor que un hermano de comunidad que
ya se está poniendo igual de insoportable que nosotros mismos?
A pesar de la acumulación de experiencias que
no de años, las ephetianas (alternaremos femenino y masculino, tal y como hemos
aprendido en nuestros cursos intensivos de feminismo), como las
cazadoras-recolectoras, tendemos a involucrarnos en aquellos ámbitos donde nos
movemos; trashumantes y despiertas, somos malas espectadoras. Es verdad que el
único proyecto que compartimos la práctica totalidad de nosotros es Guadalupe,
pero la variedad de compromisos individuales o colectivos, dentro y fuera de la
Parroquia, nos enriquecen.
Somos una comunidad que, como otras muchas,
se dispersa cuando se centra demasiado en sí misma y se pone en movimiento
cuando toma contacto con la realidad.
Hablando de movimiento, una de las
tradiciones más bonitas que mantenemos es la del Camino de Santiago. Este año
será la octava edición y el modelo está ampliamente aceptado por todos o casi
todos: 3 días de caminata con un efecto entre milagroso y preocupante, pues
solemos volver con unos cuantos kilos de más. Incomprensible después de tanto
ejercicio. Debe ser que tenemos que reducir las pausas que decíamos antes o
nuestra curiosidad por los productos y tradiciones populares.
En lo
que se refiere a nuestra espiritualidad compartida, estamos en búsqueda,
respetando siempre la diversidad de sensibilidades y, sobre todo, las dudas que
a unas detienen y a otras espolean para seguir adelante. Guadalupe ha sido y es
el marco (sin alusiones a ningún “mispi”, en particular) de nuestra libre
elección por el seguimiento de un Jesús de Nazareth que no deja de
interrogarnos desde la sencillez y claridad de su mensaje. Con el tiempo, a ese
marco le hemos ido añadiendo otros referentes que suman y no restan, y que
merece la pena mencionar: el silencio, la naturaleza, la contagiosa experiencia
de nuestras hermanas de Suesa, el acercamiento a situaciones de dolor o
injusticia.
No muy lejos de la espiritualidad, otra
mirada que transforma la realidad y de la que nos servimos para contemplar la
vida, es el sentido del humor. Nos gusta la fiesta, quizá en exceso, somos
ruidosos, escandalosas, nos gusta cantar, aunque ya no afinamos como antes,
incluso bailar, y contar chistes malos, aunque nuestros hij@s puedan sentirse
un tanto avergonzad@s por todo ello.
No en vano, somos una mezcla explosiva, casi
como el arca de Noé, pues contamos con varias exóticas “parejas”: dos fotógrafos,
uno nipón y otro patrono de su barrio; una argentina de Córdoba y una de
Córdoba que no es argentina; dos de Jaén, Jaén; un “gato” y un manchego, dos
maestras, dos abogad@s, dos jubilad@s, dos arquitect@s, dos parad@s que no
paran, un cardiólogo y un vendedor que no son pareja, pero que suman dos. En fin:
un “guirigay” como la vida misma.
Pero esto no acaba aquí. Nuestra comunidad sigue creciendo, fundamentalmente en número
de nietos. Tener un nieto está de moda en Epheta. Y ellos y ellas nos recuerdan
que la vida continúa y que lo mejor está por venir.
“La hospitalidad nos acerca, más allá de las diferenciase incluso de las divisiones que existen, entre cristianos,entre religiones, entre creyentes y no creyentes,entre pueblos, entre opciones de vida u opiniones políticas.”
En la vida, se dan oportunidades únicas. Que Taizé venga a tu ciudad es una de ellas. Nunca he tenido la oportunidad de viajar a Taizé, pero sí de escuchar a amigos que han viajado hasta allí y han compartido la experiencia conmigo. Movido por la ilusión y experiencia de mis amigos en Taizé, decidí participar en esta aventura en Madrid, de la cual me siento muy agradecido.
En la Parroquia Nª Sª de Guadalupe se tenían muchas expectativas puestas, expectativas que se supieron transmitir a los jóvenes de la parroquia. Mis ganas de conocer la experiencia Taizé, y mi predisposición a echar una mano me llevaron a colaborar en las actividades de la parroquia y en la acogida de peregrinos en casa.
El equipo que se formó en Guadalupe era muy diverso, personas de distintas edades se juntaron por una misma razón: su vínculo con Taizé. En el equipo había mucha alegría e ilusión por la llegada de los hermanos de Taizé a la ciudad de Madrid. Eso se supo transmitir y contagiar entre los componentes del grupo, que nos combinamos para poder sacar el encuentro y sus actividades adelante. A mí me tocó la acogida de los peregrinos y ayudar con la fiesta de las naciones del 31 por la noche. El inicio y el final del encuentro. Tuve la suerte de ver caras de alegría o nervios del primer día, y euforia por lo vivido de la última noche. Tuve la suerte de colaborar con la bienvenida y en la preparación de la fiesta final, culmen del encuentro.
¿Cómo introducir una de las cosas más bonitas que tienen estos encuentros? Este año, el encuentro iba dirigido a la hospitalidad. La apertura de nuestras casas, abrir las puertas a las personas que vienen desde distintas regiones del mundo es pura magia. La magia de poder compartir tu techo con distintas culturas, distintas lenguas, y una misma creencia. En mi casa estuvieron dos polacos, una alemana y dos suizos, mi casa parecía una conferencia de la ONU, donde cada uno compartía su cultura, hablaba de su lugar de procedencia y nos contaba cómo o qué les había llevado hasta el encuentro de Madrid. Por las noches, mi casa parecía una fiesta de pijamas. Sin duda, el ambiente era festivo. La alegría se sentía en cada poro de la piel. El cansancio provocado por un día vivido de forma muy intensa, lleno de actividades, yendo de un lado a otro de la ciudad, no impedía que cada noche nos sentáramos en el salón a compartir lo vivido. De forma improvisada compartíamos cómo había sido el día, qué cosas nos habían sorprendido más, o qué lugares nuevos habían conocido de la ciudad.
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Entrar en el salón del IFEMA, ver a una multitud de personas sentadas y muchas más entrando, impresiona. Cientos de jóvenes se reunían convocados por los hermanos de Taizé. Ya había asistido a alguna oración al estilo Taizé, pero nunca había participado de un encuentro de Taizé o había ido a Taizé. Una cosa es que te cuenten su experiencia en Taizé y otra vivir la experiencia uno mismo con personas de otras partes del mundo. Sentarse todos juntos, el coro cantando, escuchar las lecturas, compartir las reflexiones, rezar juntos. La vivencia, realmente, es conmovedora.
No puedo olvidar la reflexión del lunes 31, el hermano Alois nos hacía una reflexión que me llegó a lo más profundo del corazón y me llenó de alegría para comenzar el nuevo año soñando.
La experiencia de comunión que hemos vivido estos días nos estimula y nos anima a asumir compromisos concretos por la paz. […] Querría indicar brevemente tres desafíos que me parecen importantes. El primero, reducir la brecha entre ricos y pobres. ¿Podríamos, en pequeños grupos en nuestras Iglesias, estar más atentos a situaciones de pobreza? […] Un segundo desafío urgente es sin duda la acogida de los migrantes y refugiados. Apoyemos las iniciativas locales e internacionales que buscan brindarles más seguridad y justicia. […] Pero una cosa es segura: no habrá soluciones sin relaciones personales con aquellos que buscan refugio o un futuro mejor en otros países. Y este tercer camino: la paz entre los seres humanos requiere solidaridad con la creación. Nuestro maravilloso planeta está amenazado por la sobreexplotación de sus recursos, las diferentes formas de contaminación y la pérdida de la biodiversidad. Y esto lleva a injusticias y violencias entre los seres humanos.
El mensaje es claro y directo, como el mensaje de Jesús. Es la última tarde de meditación y oración juntos, y nos invita a ser jóvenes activos, pero no de cualquier forma, sino activos por la paz, activos en la pobreza, activos en la hospitalidad y activos en el ecologismo. Activos por la justicia, esa justicia que Jesús sueña que se haga realidad a través de nuestras manos. El Espíritu nos impulsa a los jóvenes a crear Reino, a hacer de este mundo un lugar más humano y digno en el que vivir y convivir.
Reviviendo esta reflexión del Hermano Alois, me vienen a la mente los grupos de reflexión. ¡Son como pequeñas comunidades interculturales! Dentro de los grupos de reflexión encontré la Fe vivida por personas de distintas lenguas, culturas y regiones. Qué belleza poder hablar de ese sueño que Jesús de Nazaret tiene para nosotros, compartir cómo se vive la Fe en Egipto, Polonia, Francia o Suiza, o escuchar lo que el Padre les transmite en cada oración. La vida en comunidad es muy importante para crecer en la Fe. Convivir con hermanas y hermanos que creen en Dios, u otro Ser de Amor sin importar el nombre, crecer y poner en práctica ese proyecto de Amor es un regalo.
No puedo estar más agradecido de esta vivencia. Agradecido a los hermanos de Taizé por la oportunidad de tener estos espacios y de congregar a jóvenes de otras regiones para que compartan juntos. Agradecido a la Parroquia Nª Sª de Guadalupe por la acogida y la apertura de sus puertas a este encuentro. Al equipo que hizo esta acogida posible, y me dieron la oportunidad de acercarme a esta experiencia tan enriquecedora. A todas y todos los jóvenes que vinieron a Madrid, en especial a los peregrinos que estuvieron acogidos en mi casa, por hacerme revivir el verdadero significado de la hospitalidad. Y gracias al Padre porque nos junta.
El pasado 8 de marzo, la parroquia de Guadalupe se hizo visible en la manifestación convocada por el Día Internacional de la Mujer. Antes, muchos de nosotros nos habíamos manifestado por esta u otras causas solos, con amigos y familiares o incluso con gente de la parroquia, pero por primera vez Guadalupe nos animaba a ir juntos, como cristianos comprometidos por un mundo más justo.
El punto de encuentro fue a las 18.45 en el Ministerio de Agricultura, junto a la plaza del emperador Carlos V, en Atocha, de donde partía la manifestación. Un pequeño grupo salió desde la parroquia y el resto se fue uniendo desde otros lugares de Madrid. El gentío y los problemas de cobertura con el móvil hacían difícil encontrarse, pero la pancarta de la parroquia facilitó la localización. Pese a ello, algunos miembros de la parroquia no lograron dar con el grupo y se manifestaron por su cuenta.
Con la frase ‘Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe. Iglesia en salida’, esta pancarta nos acompañará en todas las manifestaciones a las que asistamos en Madrid a partir de ahora. El lema de ‘Iglesia en salida’ es del papa Francisco, que de esta forma nos invita a volver a la esencia del Evangelio y a construir el Reino de Dios saliendo de nosotros mismos para acompañar a los hermanos, especialmente a los que más sufren. En Guadalupe consideramos que es un lema apropiado para todas las protestas en las que participemos, ya que la intención con esta iniciativa de salir a la calle como parroquia es precisamente alzar la voz por las personas que más lo necesitan, como las mujeres, ya que siguen sufriendo discriminación en muchos países del mundo por el mero hecho de ser mujeres.
Alrededor de 50 personas, entre ellas uno de los misioneros, nos pusimos en marcha tras la pancarta de Guadalupe, que sirvió no sólo como punto de referencia sino también para visibilizar el compromiso de la Iglesia por la igualdad entre hombres y mujeres. La gran afluencia de público nos hizo muy difícil avanzar, hasta el punto de que en las dos primeras horas (de siete a nueve de la noche) recorrimos tan sólo unos 500 metros. Abandonamos la marcha sobre las diez de la noche en la plaza de Cibeles, muy lejos todavía del punto de llegada de la manifestación, en Plaza de España.
En el recorrido, nos acompañaron dos estudiantes que están haciendo el trabajo de fin de grado sobre el papel de la mujer en la Iglesia. Con su cámara de vídeo y su micrófono captaron imágenes de la manifestación y declaraciones a título personal de algunos de nosotros.
La ocasión mereció la pena para poder reflexionar sobre la situación de la mujer en ámbitos como la propia Iglesia o el trabajo, donde fue especialmente significativo el caso de Pilar, de la comunidad de Atardecer. Hizo la carrera de Economía en Madrid en una época en la que apenas había mujeres como ella en las aulas universitarias. Tuvo que hacer frente a las objeciones de su propia familia y de algunos profesores y compañeros de clase, que cuestionaban su elección y su capacidad de estudio por ser mujer, pero aprobó todos los cursos y acabó ejerciendo de lo suyo.
Tras el 8 de marzo, desde Guadalupe os animaremos a asistir a más manifestaciones relacionadas con los derechos humanos para seguir expresando nuestro compromiso cristiano en la sociedad actual. Además, más allá de las manifestaciones informaremos sobre otro tipo de actos como conferencias o talleres relacionados con los temas que vayamos abordando.
El pasado cinco de abril contamos en la parroquia con Carlos Ballesteros, doctor en ciencias económicas y empresariales por la Universidad Pontificia de Comillas, profesor y director de Consultoría Social Empresarial en la misma universidad, y activista en redes sociales.
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Aurora, por el GAS, hizo la presentación, destacando el interés del tema en el momento actual en que todo el mundo habla de ecología y economía sostenible, e introdujo al ponente.
El objetivo de su conferencia fue promover una conciencia social que nos impulse hacia una economía:
Evangélica, la que se desprende de las bienaventuranzas, dentro de una sociedad metida de lleno en el consumismo.
Al servicio de las personas.
Hoy día se habla de “Las estrategias
FUD para tiempos VUCA”:
Vivimos en un mundo volátil,
complejo, incierto y ambiguo: Lo que hoy es cierto, mañana no lo es, las
relaciones sociales se han hecho muy complejas. Todo es muy dinámico, hay
distintas formas de pareja, de relaciones laborales. El trabajo requiere
continuos viajes y adaptaciones a la tecnología. Más de 300.000 universitarios españoles
trabajan en el extranjero.
Sin embargo, nos dan miedo los
cambios. Aprovechando esto, hay cierta publicidad que nos pide que no cambiemos
y confiemos en los valores de siempre, lo seguro (los bancos por ejemplo).
Estas circunstancias y el modelo
económico han traído los siguientes problemas:
Crisis
alimentaria crónica y global.
Deterioro
de servicios esenciales y redes de protección social.
Estado de
fragilidad y conflictos olvidados.
Agotamiento
de los recursos básicos, de la tierra, el agua y la energía,…
Nuevas
formas de vulnerabilidad (Working poory en inglés). Son la clase social con
salarios tan bajos que no les permiten vivir, y los nuevos habitantes:
emigrantes y refugiados.
En España, el 30% de las personas están en riesgo de pobreza y exclusión. “Si no puedo ser un consumidor, soy un excluido”.
El 11 de septiembre de 2001, el
ataque terrorista a las torres gemelas de Nueva York, marcó un hito por lo
inesperado, en el país más rico y poderoso del mundo. Nos dimos cuenta de que
somos vulnerables.
Volviendo al lema de la conferencia,
¿qué hay que reconciliar?
Relaciones entre consumidores y empresas. Citó entre otros, los ejemplos del fraude de los coches contaminantes de WW, y de las acciones preferentes de Bankia. Estas prácticas rompen las relaciones. No nos fiamos de las empresas, de la banca, etc.
Las personas entre sí. En la crisis de 2008 hubo recortes de plantillas. Preferimos que se echen los emigrantes, los sudacas, los moros,…Esto nos ha llevado a una falta de compasión con el otro.
Las relaciones público – privadas. La desconfianza que surge de comprobar que parte del dinero que pagamos en impuestos va a políticos corruptos, y tramas como la Gurtel, la Púnica, etc. En definitiva, no nos fiamos del sistema.
Las relaciones con el territorio y el planeta. Hemos roto las relaciones con la Tierra, que es la casa común. Contaminamos, emitimos gases de efecto invernadero que aceleran el cambio climático,..
Hay que restablecer relaciones
justas, recomponer las rotas, construir puentes:
Ir hacia
una economía circular, en que los desechos se reciclen y se incorporen al
proceso productivo, al ciclo económico.
La
economía de los cuidados. Visibilizar los trabajos domésticos y el cuidado de los
niños y las personas mayores o impedidas.
El
comercio justo y la soberanía alimentaria.
La
justicia fiscal.
La
economía del Procomún, o de los bienes comunes. Son los bienes que son de todos
y no son de nadie.
Las
“hacenderas”. Es lo que nos beneficia a todos: el cuidado de los prados
comunales, internet, el empleo. Cuando se reúnen personas para arreglar algo
pendiente, un puente, la casa del médico,…Hay que recuperar esas relaciones de
gente haciendo algo común.
El derecho
al crédito.
La
aculturación a través del consumo.
FORMAS
DE RELACIONES
Igualdad. Son injustas si hay ciudadanos de primera y segunda clase.
Jerarquía. Son aceptadas siempre que no sean injustas.
Mercado. Tanto pongo, tanto cobro.
Comunidad. Por ejemplo, en las de familia los bebés no aportan nada y se acepta.
En la sociedad todos VAMOS BUSCANDO
LA FELICIDAD, pero ¿cómo la buscamos? Nos han convencido de que si adquirimos
algo y es útil, soy feliz. Sin embargo la experiencia nos ha demostrado que
tener más cosas no nos hace más felices.
Citó lo que dijo hace años el rey de
Brunei: Si un gobierno no puede crear la felicidad de la gente, ¡que no exista!
Deberíamos medir el índice de felicidad en vez de tantos indicadores
económicos.
LAS BIENAVENTURANZAS: UNA
CONTRACULTURA QUE HUMANIZA
Dichosos:
Los pobres
en el espíritu. Son los que reciclan, los que rechazan cosas innecesarias. Los
que llevan una vida sobria, honrada y religiosa.
Los
misericordiosos, los pacíficos, limpios de corazón. Son los que llevan una
economía coherente: no puedo decir no a la guerra, y tengo mi dinero en un
banco que presta dinero a empresas armamentísticas, o que explotan al tercer
mundo, que usan niños en la fabricación,…Citó algunas empresas alternativas de
suministro de energía eléctrica y telefonía que usan energías renovables. Hay
que hacer difusión de estas empresas a los amigos.
Dichosos
los que tienen hambre y sed de justicia: hay que salir a la calle apoyando las
reivindicaciones que nos parecen justas, hacer objeción fiscal protestando por
el gasto militar,…
Terminó
con la frase que dijo Jesús a sus discípulos como continuación de las
bienaventuranzas: “VOSOTROS SOIS LA SAL DEL MUNDO”. Tenemos que ser sal,
levadura en la sociedad.
Nos conocerán por nuestro bolsillo y nuestra agenda: En qué empleamos nuestro dinero y con quién gastamos nuestro tiempo.
Para finalizar,
recomendó dos libros:
“La economía de las bienaventuranzas” de él mismo, publicado por la HOAC.
“Una vida sobria, honrada y religiosa” de José Eizaguirre, publicado por Narcea
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