¿Por qué se vacían las iglesias?

El cristianismo se va apagando en occidente, hasta casi desaparecer en algunos países. Los porcentajes de asistencia dominical a las parroquias o de las bodas religiosas no paran de descender. Es un hecho conocido del que se habla y se escribe, pero muy poco, especialmente desde el interior de la familia cristiana. Llevo décadas preguntándome por las causas de este fenómeno y he podido coleccionar algunas respuestas que ofrezco aquí a quienes piensen que se trata de un tema pertinente. Para ello ha sido necesario afrontar algunos temas conflictivos que he procurado tratar con delicadeza, pero sin renunciar a la claridad.

Algo no va bien en las iglesias, tanto en la católica como en la ortodoxa y las protestantes. Y no se puede curar el mal si no se diagnostica. Con este libro he querido explorar las raíces de los males que nos aquejan. Mirar para otro lado es, a veces, una forma de suicidio.

Mario Rodero recibió educación católica en un colegio de los Hnos. Maristas. Con la llegada de la juventud y la entrada en la Universidad, aparcó su educación infantil atraído por los ideales políticos de la extrema izquierda que bullían en los años setenta en la Facultad donde estudió Biología. Decepcionado de las ideologías, una búsqueda inquieta le llevó a desplazar su atención al orientalismo y esoterismo durante unos años en que las religiones no cristianas le dieron una perspectiva nueva. Pero esa búsqueda acabo llevándole al punto de partida, al amor primero, a la fascinación por la persona de Jesucristo. Dejando atrás trabajos de investigación y una tesis a medio hacer, se convierte en profesor de Religión de Enseñanza Secundaria, a la vez que comienza un largo recorrido por diversas instituciones eclesiales buscando un sitio donde se sienta mínimamente cómodo. Pero la vejez está llamando a la puerta sin haberlo conseguido. La búsqueda continua, siempre en compañía de Ana Zabala, su esposa.

Hasta que la muerte (del amor) nos separe

El origen del grupo SEPAS de la parroquia se remonta más de tres décadas atrás. Treinta años en los cuales cientos, tal vez miles, de personas que habían sufrido una separación o un divorcio han encontrado aquí un lugar de acogida, de abrazo y de sanación. La experiencia de este grupo y de sus miembros es una de las piezas clave del libro «Hasta que la muerte (del amor) nos separe», publicado por la editorial San Pablo, que fue presentado el pasado 24 de mayo en el salón de actos de la parroquia.

En la presentación participaron personas bien conocidas por la comunidad parroquial como Mari Patxi Ayerra, Ana Nadal y Fernando Artigas MSpS, así como la directora editorial de San Pablo, Mª Ángeles López y la propia autora: la periodista –y miembro de la parroquia– Cristina Ruiz Fernández.

A través de las historias personales de hombres y mujeres que han vivido una ruptura de pareja, este texto, hace que los documentos vaticanos hundan los pies en la tierra para dar respuesta a las necesidades reales de quienes atraviesan una experiencia tan dura como el divorcio. Para ello, la autora ha recogido de primera mano entrevistas y testimonios de personas que participan en distintos procesos y comunidades tanto de la Parroquia de Guadalupe como del Grupo SEPAS del Centro Arrupe de Valencia, así como opiniones expertas de psicólogos, sacerdotes, canonistas y teólogos.

Tiene un estilo ágil, ameno y pegado a la realidad y, además de contar historias humanas de primera mano, ofrece pistas para favorecer ese cambio de mirada que está promoviendo Francisco: hacer extensiva esa Iglesia que acoge y abraza. El libro reclama que haya una voz unánime de apoyo a quienes sufren experiencia tan dura y tan determinante. El divorcio es un hecho que cambia la vida de quienes lo sufren, les hace atravesar un duelo y les marca vitalmente. En este sentido, los distintos capítulos van desgranando las características de esta vivencia y sus implicaciones para las personas creyentes.

El papa llegó hace cuatro años al Vaticano y una de sus primeras medidas al convocar el Sínodo hizo patente su voluntad de abrir los ojos y mirar a la realidad de las familias de carne y hueso. El proceso sinodal y su resultado final, la exhortación apostólica Amoris Laetitia, se han vivido como un punto de inflexión. Pero ahora toca llevar a la práctica en la Iglesia católica todos esos planteamientos teóricos: dar formación, destinar recursos, crear infraestructuras…

En este sentido, una herramienta como el grupo de SEPAS, que en Guadalupe se tiene como una vivencia cotidiana, en realidad constituye una experiencia pionera de acogida que, humildemente, puede dar luz a muchos otros grupos. Por eso para la autora, relatar la experiencia de la parroquia era imprescindible en un libro como este, que parte de las vivencias personales y comunitarias.

Derrumbar muros, hacer caer prejuicios, aceptar, acoger y, en suma, amar a manos llenas, es la propuesta que emerge de estas páginas.