Comunidad Shekiná

La historia de nuestra comunidad comienza cuando, siendo jóvenes, allá en los inicios de los años 80, los Misioneros del Espíritu Santo nos convocaron a los jóvenes que asistíamos a las eucaristías de la Parroquia a vivir una Pascua Juvenil en Arnedillo, La Rioja.

Algunos iban con un grupo y otros solos. Allí nos encontramos todos. Comenzó nuestra andadura en varios grupos que se hicieron después de la Pascua alentados por la Pastoral Diocesana. Con el tiempo esos diferentes grupos terminaron fusionándose y formando una comunidad.

En la actualidad somos veintidós personas. Algunas se encontraron en aquella primera Pascua y otras se han unido a lo largo del camino.

Nuestro lugar de referencia y de vivir en la Iglesia ha sido siempre la Parroquia de Guadalupe. Desde aquí hemos vivido nuestro compromiso para colaborar en la mejora de nuestro mundo,  aportando un granito de arena en la construcción de ese Reinado de Dios. Lo hemos hecho como agentes de pastoral juvenil en los primeros tiempos y después como pilotos de las comunidades de adultos. También hemos participado en el Consejo Pastoral, en el GAS, la comisión permanente, la comisión de economía, Dignidad y Solidaridad… intentado siempre vivir y crecer como comunidad de comunidades.

En la actualidad la mayoría vivimos en el barrio de Hortaleza y sus alrededores. Algunos vivimos en el mismo edificio y dos viven en Segovia. Hemos estado muy vinculados al barrio a través de nuestra participación en asociaciones como Fray Escoba, e-labora y La Torre.

Además de colaborar en las actividades y áreas de la Parroquia y del barrio, también es importante nuestra relación con la cooperación al desarrollo de los países del Sur, a través de Manos Unidas durante mucho tiempo, y Entreculturas. Y también con la población migrante a través de Pueblos Unidos y las visitas de algunos hermanos al C.I.E. de Madrid.

En los últimos años nos hemos acercado a otras realidades de dolor: los cuidados paliativos y el centro de escucha vinculados al voluntariado en Los Camilos de Tres Cantos y en el Hospital del Niño Jesús, o la realidad de las mujeres maltratadas o las personas sin hogar….

Como comunidad tenemos un fondo comunitario desde el que aportamos dinero a proyectos en el barrio y en el tercer mundo. Algunos comparten su sueldo en un proyecto llamado Fondosol que comenzaron hace 18 años y se reparten equitativamente un sueldo al mes y van creando un fondo solidario para compartir con otros a través de proyectos y préstamos sin interés.

Pero lo más importante para nosotros es vivir la comunidad como un regalo. Después de tantos años descubrimos la comunidad como un don. Las promesas del Señor se cumplen porque Él siempre permanece. Vivimos agradecidos con la certeza y la confianza de estar acompañados incondicionalmente. Reconocemos su presencia caminando entre nosotros.

Hemos experimentado que cada hermano, cada hermana es un lugar privilegiado de encuentro con Dios, es tierra sagrada ante la que nos descalzamos y nos sentimos conmovidos. La fraternidad no es un lugar al que se llega, sino un camino por el que transitamos, en el que nos perdonamos y aprendemos a no juzgarnos, a acogernos, valorando que la diversidad de ritmos y proyectos es riqueza para todos, siempre en la alegría y en la certeza de estar disfrutando de un anticipo del Reino.

En el caminar comunitario hemos ido aprendiendo a compartir desde la debilidad. Nos damos cuenta, cada día más, de que Jesús se hace presente en nuestra fragilidad, que hemos aprendido a compartir y en nuestras limitaciones, que son muchas. Y, como un milagro, descubrimos una espiritualidad de la imperfección que nos acerca y facilita el encuentro con Dios y con los hermanos y hermanas.

Dios se hace vida en los sacramentos: la eucaristía, la reconciliación, el bautismo…y en otros tan cotidianos como la oración, las celebraciones, la risa, el llanto, las comidas compartidas y la naturaleza. Estos signos nos animan a cuidar y construir la casa común que somos todos.

La mayoría hemos cruzado la línea mágica de los 50 y aún tenemos mucha energía. La realidad y nuestro momento vital nos empuja a ser valientes, ponernos en pie y salir de nuestra zona de confort. Retomamos nuestra vida de una manera más realista, más profunda, más purificada y queremos volver a humildemente ponerla en juego, sabiendo que a la postre solo podemos ser instrumentos. El Espíritu alienta los sueños en las personas que forman la comunidad y nos mueve a buscar caminos nuevos con esperanza e ilusión. Sentimos que nos ha llegado el tiempo de ser auténtica tienda del encuentro (Shekiná), oasis para compartir luz, acogida, sanación, escucha, camino, justicia, amor y esperanza.

En el verano pasado todo esto lo resumimos en lo que llamamos los cuatro focos:

  1. Acercamiento a los preferidos de Dios.
  2. Construir espacios acogedores de apertura, testimonios, acompañamiento y paz, siendo invitados a ser testigos.
  3. Renovar y enriquecer nuestra espiritualidad atentos a experiencias de otros.
  4. Cuidar la vida comunitaria. Seguir compartiendo con hondura lo humano y lo divino.

Como comunidad de Guadalupe nos sentimos invitados a una misión apasionante: contribuir a un mundo más feliz. Desde la oración y la fraternidad, somos llamados a acompañar, celebrar y sanar la vida de los otros junto a la nuestra.

Comunidad Shekiná

Cuéntame cómo pasó (Comunidad Talitha)

Hace bastantes años (¡vaya eufemismo! sí, porque no son bastantes: son muchos años, ya que son treinta y cinco), se habían formados dos grupos de matrimonios, integrados en la Pastoral Familiar de la Parroquia de Guadalupe.

Sus nombres eran BETANIA y HOSANNA. Formados por seis y cinco matrimonios respectivamente, estuvieron juntos más de diez años. Por diversas circunstancias de la vida, hubo un momento en que llegaron a su fin.

Pero sucedió que dos matrimonios de cada grupo deseaban vivamente seguir su andadura en la Parroquia. Se conocían de múltiples actos realizados en Guadalupe compartiendo buena parte de sus vidas. Hablaron y decidieron seguir caminando juntos. De Betania fueron Angelines y Antonio Buil y Charo y Carlos Cortés. De Hosanna, Josefina y Fernando Arnaldo junto a Rosa y Joaquín Insa. Queríamos recuperar el ánimo que quizás se había resentido al dejar nuestros anteriores grupos. Necesitábamos desembarazarnos del desánimo y empezar de nuevo. Hicimos nuestras las palabras de Jesús invitándonos a levantarnos y a salir.

Por eso elegimos, después de pensar y debatir diversos nombres, el mandato de: “TALITHA KUMI”, que significa “LEVÁNTATE NIÑA”.

Nos motivó y nos reanimó. Fue un mensaje de ánimo para el nuevo grupo. Era para nosotros un mensaje ilusionante para proseguir el camino. Y así nació nuestra NIÑA. Y se LEVANTÓ.

Como es norma de vida, la niña (el grupo), creció y se incorporaron Piluca y Pepe Pardos. Vinieron a enriquecer el grupo con las aportaciones de su amistad y vida.

A lo largo de tantos años de compartir fe, vida y compromiso, en los que hemos intentado llevar a nuestras vidas los lemas de nuestra parroquia y así hacer más presente a Jesús en nuestras vidas, también han existido multitud de ocasiones en las que hemos caído; cantidad de obstáculos y tropiezos que nos da la vida.

Pero hemos oído siempre “TALITHA KUMI” y, con dificultades, nos hemos ido levantando. Unas veces poco a poco. Otras rápidamente. Caer y levantarnos. Lo seguimos intentando cada día.

En realidad, cada uno de los miembros del grupo nos sentimos pequeñas gotas de agua, sin importancia y sin aparente valor, pero cuando están juntas se aprecia su belleza interior y fluyen unas al lado de las otras para desembocar en un gran río. Un río que formamos junto con el resto de grupos y comunidades, y que con la ayuda de Guadalupe sigue su curso al encuentro del infinito amor de Jesús.

Búsqueda. Un poco de nuestra historia

Inicialmente, dos matrimonios murcianos, muy amigos de Luis Hernández, sacerdote diocesano y especialista en dinámica grupal, buscando profundizar en su formación cristiana y, tras varios encuentros con él, fueron madurando el propósito de formar un grupo con inquietudes semejantes, así que, cada uno por su lado, buscó matrimonios amigos dispuestos a sumarse a la iniciativa.

De esa manera el 28 de octubre de 1978 a las 21:30 nos presentamos en el Colegio Mayor Pío XII, donde vivía por aquel entonces Luis, seis matrimonios con muchas ganas de hacer algo pero sin saber qué. Como le pasó a Juan (Jn 1,39) muchos años después nos acordamos del momento exacto en que Jesús se cruzó en nuestra vida: “junto al Jordán, como a la hora décima.”

Empezamos con reuniones, muy dinámicas y participativas, para avanzar en el conocimiento mutuo, mostrar inquietudes y compartir sus propios objetivos. Enseguida nos emplazó a elaborar el objetivo del grupo. Se puede decir que de estas sesiones de las inquietudes y búsqueda de cada uno surgió el nombre: BÚSQUEDA.

Ya teníamos nombre y objetivo; queríamos profundizar en la formación cristiana buscando a Dios a través del hombre y dentro de la forma de vida actual, para llegar a un compromiso y testimonio cristiano, a nivel individual, familiar y de grupo.

Como grupo cristiano abierto, de seis matrimonios pasamos a diez y pronto a quince, también una ex monja y un sacerdote, por lo que nos definimos como grupo básicamente matrimonial. Muchos de nosotros habíamos empezado a frecuentar las celebraciones de Guadalupe, atraídos por lo que allí empezábamos a vivir y llegamos al convencimiento de que como no era conveniente ni sostenible caminar aisladamente, decidimos vincularnos a la Parroquia de Guadalupe.

Fue una etapa muy bonita, empezamos a vivir la fe de una manera más consciente, fuimos aprendiendo a ser activos en la participación, a escuchar ordenadamente y poco a poco le fuimos cogiendo gusto al compartir y nos fuimos implicando en la vida.

Se sucedieron varias etapas de profundización y en el camino hubo personas que tras dejar huellas imborrables nos dejaron, por circunstancias diversas, marcando, como siempre, un hito doloroso pero natural en todo crecimiento. También nos enriquecimos con quienes se sumaron. Pasamos de ser un grupo de amigos a ser grupo cristiano y de ahí a comunidad cristiana.

En tantos años hemos convivido muchos momentos muy enriquecedores y por eso inolvidables:

  • Convivencias de fin de semana con momentos de oración y reparto de las tareas y servicios domésticos.
  • Convivencias con Semana de vacaciones en verano, L’Estartit, Alicante, Torrox, con visitas culturales, playas, etc.
  • Ejercicios espirituales y convivencias que cuidadosamente preparábamos. Recordamos las Celebraciones Pascuales que con tanto cuidado y dedicación organizamos, unas acudiendo a las celebraciones de la parroquia del lugar (Águila, Becerril, La Manga) y otras apoyándonos en nuestro amigo Antonio.

De ahí y conducidos por amigos Misioneros del Espíritu Santo (José Luís, Charly, Pepe, Marco, Toño, Rogelio, Gonzalo) nuestra querida comunidad  BÚSQUEDA sigue caminando comprometida y desde donde compartimos la fe, la vida y el compromiso.

En la Parroquia, inicialmente, nos integramos como grupo en la Pastoral Familiar y al evolucionar como comunidad, en el Catecumenado y posteriormente en la Pastoral de Adultos. Hemos participado en la elaboración de la Línea Directriz de la Parroquia, y en su desarrollo como agentes de pastoral y en servicios como Bautismo, Liturgia, Ministros extraordinarios, Operación kilo, Economía, GAS, Consejo Pastoral, Revista, nacimiento de Dignidad y Solidaridad.

Como Agentes de Pastoral hemos colaborado en la Pastoral de Adultos, tanto en el proceso de formación de nuevas comunidades como en su seguimiento y acompañamiento.

Hemos tenido presencia en Justicia y Paz Diocesana así como con algunas de las asociaciones vinculadas al GAS, y muy especialmente en Cáritas Vicaría donde además la presidencia ha recaído durante muchos años en hermanas de nuestra comunidad.

En este curso 2017-2018, estamos pudiendo coincidir 5, 6 ó 7 personas en las actividades programadas, y en las reuniones de formación y reflexión nos sigue guiando el libro “Grupos de Jesús” de José Antonio Pagola.

En la sesión de programación, al inicio de curso, reflexionamos sobre cómo, cuando planteamos la pregunta ¿qué nos cuestiona este evangelio o este tema que estamos leyendo?, nos metemos demasiado en las curiosidades del texto. Sin embargo, vemos que, en muchos casos, cuando le preguntan curiosidades a Jesús, Él nunca contesta a lo que le preguntan sino a lo que debían haber preguntado. O sea, lo que le importa es si se responde a Dios. Esto nos hace plantearnos: ¿buscamos conocer a Dios o investigar curiosidades inútiles? ¿Evangelizar con palabras y curiosidades o vivir al estilo de Jesús?

Actualmente y como agente de pastoral sigue colaborando en el proceso de formación de niños y niñas en la Catequesis Infantil un hermano al que animamos en su tarea.

Pronto tendremos la gozosa oportunidad de celebrar las bodas de oro de otro matrimonio, la tercera en cinco años.

Así nació y ha vivido hasta ahora la Comunidad Búsqueda, una forma de ser iglesia, de querer vivir el seguimiento de Jesús, y desde ahí pasar la noticia a otros.

Comunidad Base

La Comunidad de Base nació hace 35 años, cuando nuestra Parroquia nos invitó a vivir un “proceso catecumenal” con vistas a la creación de pequeñas comunidades. A lo largo de tres años, afloramos los motivos profundos que nos habían llevado allí, qué buscábamos cada uno, qué esperábamos del grupo… Se trataba de conseguir un grupo de suficiente “talla humana” con el que se pudiera caminar hacia los valores comunitarios cristianos.

Descubrimos las falsas imágenes de Dios que muchos veníamos arrastrando y hasta qué punto era urgente “convertirnos” al Dios de Jesús, redescubrirlo y reinterpretar su mensaje.

Otro caballo de batalla era la Iglesia… Si de Dios y de Jesús traía cada uno sus propias ideas, ¿qué pensábamos de la Iglesia? ¿quién era y qué era la Iglesia para nosotros?, ¿en qué Iglesia queríamos vivir y qué clase de Iglesia queríamos construir…?

Acabado el “proceso”, tampoco quisimos precipitar las cosas, pues se trataba de tomarse el pulso y decidir si estábamos dispuestos a subir al barco COMUNITARIO con aquella tripulación.

Nuestro Proyecto:

Desde el primer momento quisimos ser realistas evitando la “comunidad ideal”. Partiendo de nuestra realidad, y de la lectura reflexionada y compartida de algunos libros, nos centramos en la búsqueda y concreción de “nuestra comunidad posible”.

1º.- «COMPARTIR VIDA»

Queríamos que fuera, ante todo, “Una Comunidad de Iguales”. Una Comunidad en la que pudiéramos “compartir lo que somos y tenemos”. Era nuestro deseo de «COMPARTIR VIDA».

Seguimos algunas pautas: comunicarnos en verdad y libertad; estar dispuestos a ejercer y aceptar la corrección fraterna; dar a conocer nuestras decisiones importantes antes de tomarlas, y discernirlas juntos; comunicar nuestros bienes y el uso de los mismos…

Decidimos pasar juntos, incluidos nuestros hijos, una semana de nuestras vacaciones veraniegas, siendo uno de los momentos fuertes y más enriquecedores de nuestra comunidad. Creamos un Fondo Común Solidario (FCS), desde el que apoyamos a proyectos sociales que no reciben otro tipo de ayudas y en los que algún miembro de nuestra comunidad ejerce un seguimiento “in situ” o “a distancia”.

2º «COMPARTIR NUESTRA FE»

Es para nosotros experimentar la vivencia de sentirnos amados por Dios y plasmarlo en el amor a los demás; es compartir cómo vivimos el mensaje de Jesús y celebrarlo juntos; es sentirnos parte integrante de su Iglesia para estar cerca de los más excluidos.

Y lo hacemos participando con especial intensidad en las Eucaristías; estimulando y potenciando la oración personal y comunitaria de forma creativa; buscando nuevas formas de ampliar nuestra formación mediante el estudio de temas y la asistencia a charlas, cursos de teología, congresos, etc.

3º «COMUNIDAD QUE VIVA PARA LOS DEMÁS»

Queremos escuchar la llamada que Dios nos hace a través de los pobres; hacernos visibles en la sociedad, mediante la proclamación del mensaje de Jesús y en solidaridad con los más desfavorecidos.

Dimos pasos hacia el mundo de la droga, paro, cárceles, hogares de niños sin familia, emigración…, asumiendo sus causas como nuestras. Denunciando situaciones de injusticia y marginación, participando en plataformas de solidaridad y de reivindicación… acompañando a los grupos de nuestra parroquia hacia la comunidad, haciendo hincapié en la dimensión social de la fe. Buscando y apoyando proyectos de promoción social, tanto en el tercero como en nuestro cuarto mundo, asumiendo que sea la comunidad quien discierna y decida los proyectos que debemos apoyar desde nuestro Fondo Común Solidario (FCS) cada año.

Nuestros logros comunitarios:

1º.- El valor de la vida comunitaria en sí misma. Consideramos un don de Dios el que nos haya llamado a vivir esta experiencia, haciendo de nuestra Comunidad una “tierra sagrada” a la que tenemos que mimar y acceder con los pies descalzos, porque es donde Dios se nos manifiesta y nos muestra el camino que debemos seguir en la tarea de construir su Reino de fraternidad.

2º.- La Comunidad ha hecho posible que cada uno haya redescubierto su propio don, su carisma. Hemos ido comprendiendo que ejercer el propio don y ponerlo al servicio de los demás, era el mejor modo de construir la Comunidad, convencidos de que todos teníamos necesidad de conocer el carisma de cada uno y experimentar cómo lo ejercíamos. Cada uno redescubrimos nuestro propio don y todos nos sentimos llamados, y urgidos, a ejercerlo para bien y crecimiento de la comunidad.

3º.-La Comunidad nos ha permitido vivir la experiencia enriquecedora del perdón y de la aceptación fraterna. Hemos tenido gozos y esperanzas, pero también tensiones que han precisado de un serio discernimiento y oración comunitaria, para que sea el Señor quien las juzgue y las transforme en motivo de encuentro y reconciliación.

4º.- La Comunidad nos ha llevado a hacer nuestra la causa de los pobres. Tuvimos que renunciar a muchas utopías y sueños comunitarios, pero a lo que no renunciamos nunca es a vivir siempre de cara al mundo de los empobrecidos y asumiendo sus propias causas. Acercándonos a los pobres, sentimos que “los pobres nos evangelizan” (no en vano son ellos sacramento de la presencia de Dios), obligándonos a revisar nuestras actitudes evangélicas. Su cercanía nos enriquece, porque descubrimos en ellos su gran dosis de esperanza, sus luchas por salir de situaciones esclavizantes y sus ganas de vivir a pesar de las carencias.

5º.- La Comunidad nos ha permitido optar por un tipo de Iglesia diferente: Nuestra apuesta ha sido siempre por una Iglesia abierta, participativa, autocrítica, corresponsable, democrática y en la que nadie se sienta excluido o condenado. Quisimos salir del ámbito parroquial para vincularnos, también, a otras realidades eclesiales como “Iglesia de Base de Madrid”, “Corriente Somos Iglesia” y, actualmente, a “Redes Cristianas”, siempre pensando que es deber nuestro ayudar “desde dentro” a que el cambio de nuestra Iglesia se convierta algún día en gozosa realidad.

Damos gracias a Dios por el don de la comunidad y confiamos en que, lo mismo que nos ha ayudado a crecer en la fe y en el servicio a los hermanos, nos permita envejecer en su seno, empeñados en seguir construyéndola y haciéndola visible dentro de nuestra querida Iglesia.

 

Atardecer y su trayectoria

La andadura de nuestro  grupo o comunidad se remonta hacia mediados de los años 70. Un grupo de unas seis señoras con gran interés de conocer la Espiritualidad de la Cruz, comenzaron a reunirse en la biblioteca con el acompañamiento del P. Marcos (Marquitos).

Se leía el evangelio y se trabajaba sobre él a la luz de la Espiritualidad, y al final de la reunión se celebraba la Eucaristía. El entusiasmo por vivir de otra manera el seguimiento de Jesús, fue contagiándose de unos a otros, y el grupo fue aumentando teniéndose que trasladar al salón parroquial.

Siempre ha estado acompañado por los misioneros, entre otros por Sergio Maciel, Raúl González, Sergio Delmar, Fernando Artigas, Javier Serrano, Emilio Suberbie, Antonio Kuri, Ignacio Herrera, etc. hasta llegar al día de hoy que está acompañado por Giancarlo Tomao.

Desde los comienzos las reuniones son todos los miércoles del mes a las 17.30 h. de la tarde y se termina con la Eucaristía de las 19.00 h. En el grupo existe un equipo que se turna en su preparación.

Cada miércoles está dedicado a una actividad que ha ido teniendo modificaciones según el proceso vivido por el grupo.

En la actualidad, el primer miércoles es una charla del sacerdote sobre el tema que se vaya a trabajar ese curso, el segundo se profundiza en las preguntas que nos surjan de la charla anterior, bien en grupo pequeño o de forma asamblearia. El tercer miércoles venimos trabajando los evangelios, de forma que la semana anterior nos llevamos a casa para preparar personalmente un capítulo o lo que se acuerde, con el asesoramiento de la persona del grupo que modera y conduce este tema. Y en la reunión habitual compartimos y debatimos lo que nos ha sugerido a cada uno de nosotros. Y el cuarto y último miércoles lo dedicamos a la oración ante el Santísimo, preparada de acuerdo con los tiempos fuertes o situaciones especiales en silencio y con buena ambientación.

Los temas tratados han sido muchos y muy variados, pero siempre con la intención de que nos ayude hacer vida la riquísima espiritualidad que nos anima.

Hemos profundizado en los Evangelios, la biografía de los fundadores, tanto de Concha Cabrera como la del Padre Félix, iniciación a la Espiritualidad de la Cruz, la Biblia, el Antiguo Testamento visto desde el Nuevo, la Fe, la Oración en sus distintas etapas, Cuaresma, Pecado, Perdón y Conversión, etc…

Estos son los temas programados, pero también trabajamos, aunque tengamos que modificar el calendario, aquellos temas que nos proponen desde la Parroquia.

Todos los años, salvo excepciones, hacemos tres convivencias extraordinarias, la primera es a comienzos del curso que es un retiro convivencia en una casa de oración donde trabajamos un tema fuera del estipulado para  el curso. Puede ser una encíclica del Papa, una situación que preocupe a la sociedad y a nosotros mismos, etc.

La segunda es una convivencia lúdica en la que hacemos lo que podemos llamar dinámicas que nos ayuden a conocernos mejor. Ese día todos llevamos para compartir aquello que es nuestra especialidad culinaria. Después de comer jugamos incluso al bingo, donde el que gana obtiene un pequeñísimo regalo, pero que llena de alegría a todos, pues al final todos llegan a tener su premio.

La tercera es para despedirnos a final de curso, y lo hacemos en la casa de una de las integrantes del grupo que tiene una preciosa casa en el campo. Se comparte todo, lo que nos ha parecido el curso, comida, y especialmente la Eucaristía celebrada por el sacerdote que nos ha acompañado durante el curso, en un ambiente maravilloso, al aire libre entre frondosos árboles, flores de todas clases que nos hacen descubrir todavía más, la maravillosa presencia de nuestro Dios.

En la actualidad todavía hay personas de las que formaron parte de aquel grupo que empezaron su andadura en la biblioteca, y que fue creciendo hasta contar con unas cuarenta personas. En esos comienzos eran sobre todo mujeres jóvenes que, incluso, tuvieron algún hijo en esa época y hoy, no solo son abuelas, sino bisabuelas, pero ahí siguen. Hubo alguna que ingresó en las Religiosas de la Cruz.

También han formado parte varios hombres, casi siempre maridos de alguna de las asistentes. En la actualidad no hay señores, pues han fallecido.

Hubo un momento en que el grupo era tan numeroso y con dificultad de coincidir en la hora, que se formó otro grupo que se reunía a las 19.00 h.

En sus orígenes, como lo que se trataba era de conocer la Espiritualidad de la Cruz, se dieron el nombre del Apostolado de la Cruz, una de las cinco obras de esta espiritualidad. Obra fundada por Concha Cabrera, inspiradora de la espiritualidad, y dirigida a todo el mundo, tanto sacerdotes, religiosos o laicos, siendo su misión llevar la Palabra a todo el pueblo de Dios y favorecer la experiencia sacerdotal en la cotidianidad.

Durante muchos años seguimos llamándonos Apostolado de la Cruz y muy identificados con su propuesta, hasta que en la parroquia se modificó la estructura de las distintas áreas. Entonces se nos invitó a que cambiásemos el nombre, para que este no supusiese que solo en nuestro grupo se estudiaba la Espiritualidad de la Cruz, sino que este carisma tenía que ser vivido por toda la parroquia.

Después de un largo debate, pues no queríamos perder nuestro vivir el Apostolado, llegamos a la conclusión de que el nombre no ha de influir en nuestra forma de vivir el seguimiento de Jesús, decidimos llamarnos ATARDECER.

Hay quien piensa que es un tanto triste nuestro nombre, nuestros motivos fueron todo lo contrario: ATARDECER, para nosotras es ese momento de la vida que, como en un atardecer frente al mar o en las montañas, es serenidad, es belleza, es tranquilidad que permite ver las cosas de forma distinta a cuando comenzamos nuestra andadura. Ahora todo lo vemos desde un prisma lleno de la serenidad que da la experiencia espiritual que hemos podido vivir en este grupo.

Contemplando de forma retrospectiva nuestra vida, como cuando se contempla un bonito atardecer, podemos sacar conclusiones que nos animen a seguir nuestro caminar junto al Dios Padre, y poder ser testimonio para aquellos que nos vean, que el tener experiencia de Dios no es aburrido o tedioso, al contrario, es tan maravilloso como la contemplación de tantos y tantos atardeceres.

Nuestro grupo o comunidad siempre ha tenido y tiene las puertas abiertas a acoger a aquellas personas que quieren formar parte de esta experiencia, pero si no es lo que buscaban, pueden salir sin que sean cuestionadas, pero sabiendo que pueden acudir a cualquiera de nosotras  cuando quieran o lo necesiten.

Este grupo tiene como principal actividad la visita a sacerdotes ancianos. En tiempos anteriores solo eran personas pertenecientes al Apostolado, más tarde se ha ido abriendo a otras personas de la parroquia.

Es otra de las Obras de la Espiritualidad, la visita y atención a los sacerdotes ancianos y enfermos que se encuentran solos y residen principalmente en una residencia.

ATARDECER.